Los cerdos en chinga se treparon al yate; lo primero que hicimos todos fue arrojar los celulares y radios al mar, no asテュ dos cuernos, tres fuscas, los 20 mil dテウlares que le iban a pagar a mi patrテウn y un kilo de perico.
“Mi patrテウn le cantaba a mucho maテアoso, batos que nos invitaban a tocar para ellos nomテ。s sabテュan que darテュamos un concierto por el rumbo. Los paricillos privados a los que テュbamos se ponテュan cabrones, pero no asテュ de que Ay-Quテゥ-Suave o Quテゥ-A-Todo-Dar; mテ。s bien cabrones de lo malandro y no mamadas: la raza enfierrada y empercherada; chingos de perico, pisto y putas. Al principio, las fiestas no eran asテュ, porque al principio todas las fiestas, ya te la sabes, son familiares: ai’ veテュas a los batillos estos con sus esposas e hijos; que la carnita asada, que la chelita, que el cotorreo dizque tranquis. Pero nomテ。s se oscurecテュa y Ay, cabrテウn: a chingar a su madre las rucas y los morros, decテュan, nos quedamos los puros compas. Y ai’ sテュ: a tocar, putos.
Luego-luego rolaban las pacas de perico. Nos amenazaban: Pobre de ustedes que no se metan una rayota gorda porque se agテシitan los seテアores, asテュ que pテウngale macizo.
Y Vテ。MoNos recio.
Al mismo tiempo traテュan a las furcias: pura chichona y culona. A mi patrテウn le encantaba el argテシende, se ponテュa bien felizote de echar gritos ai’ con sus compas. Se ponテュa bien loco, pues. De milagro no nos quebraron a mテュ y a mi compadre, que siempre lo acompaテアテ。bamos; yo en el sexto, mi compa en el acordeテウn. Siempre escucho a otros mテコsicos contar que les pusieron fuscas en la cabeza, que los obligaron a meterse perico por las orejas, que los pusieron a tocar tres dテュas seguidos sin cagar y sin comer… pues eso no pasテウ en todo el tiempo que trabajamos pal patrテウn, porque a ese gテシey sテュ lo querテュan. Bueno, lo querテュan en ese entonces.
Lo querテュan hasta lo del yate.
Una vez fuimos a tocar al puerto para uno de esos gテシeyes, uno que tenテュa laboratorios no muy lejos en el cerro. Yo creo que mテ。s bien lo que tenテュa era mucha cola que le pisaran. Nos recibiテウ arriba del barco, a punto de zarpar y que comenzara el pari. Habテュa bien poquita raza, como cinco batos bien pinche feos, de esos gordos tipo judicial. Pa no hacer el cuento largo, nomテ。s llegamos y no sテゥ de dテウnde vergas salieron un chingo de marinos. Los cerdos en chinga se treparon al yate; lo primero que hicimos todos fue arrojar los celulares y radios al mar, no asテュ dos cuernos, tres fuscas, los 20 mil dテウlares que le iban a pagar a mi patrテウn y un kilo de perico. Ni modo: todo (y todos) a chingar a su madre. El Patrテウn se veテュa muy asustado: fijテウ la vista al ocテゥano inmenso, cabrテウn y oscuro que es el mar de este lado. Ahテュ yo creo que supo que habテュa valido verga. A nosotros nos soltaron esa misma noche. A テゥl no. A テゥl lo arraigaron 40 dテュas.
Nomテ。s lo soltaron le caテュmos a su cantテウn. El bato estaba flaco, callado como de susto; sテュ nos volviテウ a contratar, pero que anduviテゥramos truchas. Sabrテ。 dios quテゥ le habrテュan hecho. Ya no era el bato risueテアo de siempre.
Un aテアo despuテゥs lo quebraron en un pueblillo de la sierra con otros dos. De eso sテュ nadie averiguテウ quテゥ pedo.”
Fuente: detodo365


0 comentarios :
Publicar un comentario